LA EDUCACIÓN PROHIBIDA como conclusión.





2012

2h 25 minutos

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Hoy no vengo a recomendar una película, sino un documental. Cuando me puse a buscar películas relacionadas con la crítica a la sociedad escolarizada que planteaba Illich, encontré este documental argentino que hacía referencia directamente a las teorías de desescolarización de Illich, además de cuestionar el sistema educativo en su totalidad. A pesar de que no es tan entretenido como ver una película, me ha parecido un documental muy interesante y fácil de entender en el que se abordan muchas de las críticas a la escuela que hemos ido viendo a lo largo de este primer año de carrera. Además, la gran mayoría de los expertos que participan en él forman parte de experiencias educativas que se atreven a transformar las estructuras de la escuela tal y como la conocemos.



Principales debates pedagógicos que se plantean 


El comienzo de “La educación prohibida” establece una comparación que me pareció sorprendente pero muy acertada. El documental compara la escuela con el mito de la caverna de Platón. Los prisioneros llevan toda la vida viendo sombras y creen que eso es la realidad. Piensan que es normal estar atados y ver solo lo que les muestran. Las imágenes de la caverna se superponen con las de una escuela para hacer más clara esta comparación. Pasamos años mirando la pizarra, memorizando cosas, pero sin conectar casi nada con la vida. Luego salimos y descubrimos que el mundo no va por asignaturas.


Otra cuestión que quizá ya os habéis planteado pero que está super bien explicada en este documental es la idea de que a veces, cuando un alumno no progresa, la culpa no es suya sino del sistema. Porque cuando un niño no aprende, la escuela repite el mismo método en lugar de cambiarlo. Sin embargo, como ya vió claramente Siemens, el conocimiento  está cambiando todo el tiempo, y cada vez lo hace a un ritmo más rápido. Las escuelas ignoran esto y siguen aplicando los mismos métodos que aplicaban cuando el conocimiento era escaso y localizado.


Cada persona es única. Pero la escuela nos trata a todos como si fuéramos iguales, porque ese es uno de sus objetivos finales. Misma edad, los mismos contenidos, los mismos exámenes. Eso no es igualdad, es una manera de eliminar las diferencias. En definitiva, de cumplir una función normalizadora en vez de potenciadora del desarrollo. 


El documental también declara que nadie quiere ir a la escuela. Los alumnos van obligados. Muchos profesores también. ¿Qué sucede?  Los niños pequeños son curiosos por naturaleza, el aprendizaje y las ganas de conocer son la esencia del ser humano. Pero la escuela apaga esa curiosidad. Al final, estudiar se convierte en un trámite para aprobar, no en un deseo de entender. Confundimos diploma con competencia, como decía Illich. ¿Es necesario un papel que certifique lo que sabemos? En realidad no, pero también nos han metido en la cabeza  la idea  la educación y los títulos son la única vía de ascenso económico y social. Esto lo podemos relacionar también con uno de los mitos de desmontaba Iván Illich: la falsa creencia de que desde la escuela se contribuye a reducir la desigualdad entre pobres y ricos. En realidad lo que se hace es alienar a lo más pobres y convencerles de que son indigentes culturales solo por estar menos preparados para afrontar unos contenidos que forman parte de los valores de las clases dominantes. 


El documental dice que la escuela es una guardería (se dedica solo a “guardar” o “vigilar”), además de una cárcel (con unas normas claras y una distribución preestablecida de los tiempos y los espacios) y una fábrica de trabajadores y seres humanos dóciles que no cuestionan el orden social. Asociar el timbre de fin del recreo con hacer una fila solo es una forma más de adiestramiento, lo mismo sucede con levantar la mano para hablar o incluso para ir al baño. Las exigencias y el deseo de estandarización de la escuela nos termina deshumanizando a todos, nos hacen perder nuestra esencia creativa y curiosa por naturaleza. Todos tenemos que saber lo mismo, hacer lo mismo, estar en clase con los de nuestra edad. Esto se debe también a que, como hemos visto, la escuela tiene muy poca capacidad para responder a necesidades individuales y adaptarse a los cambios.


El currículo sigue un orden fijo. Pero el aprendizaje es diverso, imprevisible, individual. ¿Para qué forzar a todos a seguir el mismo camino? Los alumnos empiezan a estudiar solo para aprobar el examen. No leen para aprender, no se interesan por los temas, solo quieren la nota. Se les enseña a guiarse por motivaciones externas, no a hacer las cosas por gusto.


La escuela homogeneiza. Debería ser un banco de experimentación, sin un camino único, porque no hay dos niños iguales. La vida está llena de opciones, hay que aprender a elegir. Solo cuando tienes autonomía y te respetan puedes elegir lo que quieres.


Los pedagogos que participan en el documental son muy conscientes de que los niños dan lo que reciben. Si reciben órdenes, obedecen. Si reciben confianza, investigan y exploran. Los educadores del documental comentan esta idea para fundamentar la tésis de que jugando, explorando, viviendo se aprende lo mismo o incluso más. La tarea del educador debería ser mostrar misterios, aunque la ciencia ya sepa la respuesta. Porque la escuela está orientada a la respuesta, pero el aprendizaje de verdad empieza con la pregunta. Una frase que me encantó y que aparece en el documental es la siguiente de Paulo Freire: “Estudiar no es consumir ideas, sino crearlas y recrearlas.”


La única forma que conocemos de educar es decirles a los niños qué hacer y cómo. Pero según “La educación prohibida”, habría que sembrar los niños la idea de que ellos son la autoridad de su propia vida. Hay miedo a que la falta de autoridad se convierta en falta de disciplina, pero hay que recordar que la disciplina no es solo que se comporten como yo quiero. Si hacemos eso, lo que estamos enseñando no es respeto, sino obediencia. Les enseñamos a cumplir unas normas que no son comprendidas ni compartidas, y que en algún momento u otro se romperán por estos mismos motivos. El objetivo último de la educación debe ser la autodeterminación y en última instancia la libertad. La libertad no se puede obligar, pero hay que abrir escenarios para que cada uno descubra lo que le gusta.Hay que confiar en los niños y permitirles descubrir su camino en la vida de forma autónoma pero proporcionándoles nuestro apoyo. El maestro tiene que hacer un proceso de humildad y observación para percibir a cada alumno, y asegurarse de no ser un obstáculo. Según el docuemntal, el secreto es la mirada de cada ser humano sobre los otros. Los niños solo necesitan eso y comunicación.


No se si recordaréis cuando Sergio nos hizo pensar en lo más importante que habíamos aprendido en nuestra vida y después nos hizo levantar la mano si ese aprendizaje se había producido en la escuela y debido a la escuela. Muy pocos levantaron la mano. Y esa es otra de las cuestiones que os pueden resultar familiares de este largometraje. Illich, también lo decía, y es que los grandes aprendizajes no los produce la escuela. Es más, de todo lo que se aprende en la escuela, muy poco se usa en la vida cotidiana. 


Este documental es perfecto para hacer un breve repaso de la asignatura centrándonos sobre todo en Illich, Siemens y las comunidades de práctica de Lave y Wenger. El documental hace una referencia clara a estos últimos y su perspectiva colectiva del proceso de aprendizaje. En la naturaleza existe la cooperación. Los organismos que cooperan son los que más sobreviven. El concepto de participación es algo que se tiene que aprender en el aula, porque después es demasiado tarde.Trabajar en grupo, escuchar ideas o resolver conflictos son habilidades fundamentales que la escuela tiene que impulsar de una forma más consciente. Otra idea que me parece fundamental es lo que nos dice una de las expertas de este documental: cuando los niños están seguros y se sienten respetados, no buscan romper los límites, sobre todo si los límites los han decidido ellos mismos en asamblea.


Hacia el final del documental se abordan las propuestas de sociedad desescolarizada de Illich. El documental (e Illich) plantean la posibilidad una escuela al margen de las instituciones: educación en casa, redes de autoayuda, aprendizaje entre pares, autoaprendizaje colaborativo, etc. En definitiva, enriquecer la diversidad educativa. No se menciona nada sobre los pasaportes educativos ni las tramas de aprendizaje, pero sí que podemos ir viendo imágenes de experiencias educativas y escuelas que rompen con el modelo tradicional y de educadores que forman parte de ellas. Es muy interesante ver los métodos que utilizan, como escuelas en las que la educación se basa en el juego y el profesor solo es un guía, o experiencias en las que los niños tienen diferentes edades y realizan asambleas diarias para resolver sus conflictos. Además, por fin comprendí bien lo que significa desescolarizar la escuela: se trata de quitarle todo lo que impide aprender.



“La educación prohibida” contiene un montón de reflexiones  sorprendentes, pero verdaderas. Una de ellas es que los maestros que enseñan vienen de una educación represiva. Transmiten exactamente lo que se les transmitió, y en muchos casos no son conscientes de ello. Los educadores tienen menos capacidad de cuestionar la educación porque les enseñaron que debe ser así. Ser maestro es un privilegio, una oportunidad de crecimiento diaria. Pero ¿cómo puede un docente transmitir felicidad si el sistema lo trata como un número? Al igual que los niños necesitan libertad, los docentes también.


Volviendo al conectivismo de Siemens, los pedagogos que participan en este largometraje declaran que la tarea de la educación es tan compleja que tiene que hacerse en equipo. Una red de maestros tiene mayor capacidad de aprendizaje y un mayor conocimiento distribuido que cada maestro por su cuenta. Pero hay que tener en mente que no hay una receta perfecta de escuela, sino tantas propuestas como experiencias libres existen. Como dice una de las maestras del documental: “Una institución educativa debería ser un lugar donde se puede amar al otro, respetarlo en su diferencia. Hay que adecuar la pedagogía al momento cultural y al grupo concreto.” Cada vez que veas a un niño, recuerda lo que era ser niño, lo que era querer ser amado y visto. La educación es mucho más de personas que de pedagogías.


Si queremos una sociedad diferente, hay que amar a los niños para que aprendan a amar a otros. El conocimiento ya vendrá. De todas formas, muy poco de lo que pasa en la escuela es importante, y muchas cosas importantes no se anotan en ningún cuaderno. 


Como planteaba Illich con sus bonos educativos o sus tramas de aprendizaje: es posible hacer las cosas de otra forma en la educación. Existen multitud de experiencias que se atrevieron a transformar las estructuras de la escuela. Estos ejemplos son prueba viva de que los esquemas tradicionales de la escuela pueden ser reinterpretados y reestructurados. Algunos ejemplos son la educación activa, la educación popular,  libertaria cooperativa, ecológica, la educación sin escuela o la educación en casa

Estas experiencias plantean el aprendizaje como un continuo crecimiento, como un intercambio entre el niño, sus padres y el entorno. En definitiva una educación viva

Este documental nos anima a que esas ideas y prácticas salgan a la luz, a construir juntos un nuevo paradigma educativo 

Hoy más que nunca existe la posibilidad de que estas experiencias se multipliquen y diversifiquen, que la escuela se reencuentre con la educación y que responda a las necesidades de las personas y su entorno.

“La educacion está prohibida, la prohibimos todos cada vez que elegimos la meta en vez del trayecto, cada vez que dejamos todo igual en vez de hacer algo nuevo.”

Este documental es una invitación a encontrarnos con la educación más allá de los muros de la escuela , a pensar otras formas de aprendizaje , conversar y debatir a cerca nuestras practicas educativas.”

 



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