DETACHMENT, + (LA POLÍTICA QUE RIGE LA LOMLOE Y LA ORGANIZACIÓN DE UN CENTRO ESCOLAR)





2011

98 minutos

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Hace media hora que he terminado de ver Detachment y sigo sin palabras. Intentar escribir una entrada de blog que le haga justicia a todo lo que te hace sentir esta película me parece una tarea imposible.


Pero antes de adentrarnos en el análisis, creo que es necesario avisaros de que esta no es una película para todo el mundo. Se trata de una película cruda, 

impactante, y que puede resultar confusa en algunos momentos. Si buscáis de qué va, seguramente os salga que se trata de una película sobre la decadencia del sistema educativo contada desde la perspectiva de un profesor sustituto, Henry Barnes. Si le preguntáis a Gemini, incluso os dirá que su argumento ofrece una visión cruda sobre el caos organizativo, la falta de apoyo de las familias (AMPA) y la sobrecarga de los docentes. En mi opinión, el mensaje de Detachment va mucho más allá de esto. Yo no la había visto antes, y me pareció que podía ser una buena película para profundizar en los dos últimos temas del bloque 1: La organización de un centro escolar y la política que rige la LOMLOE. Aunque es cierto que se nos muestran las partes más desagradables de organizar una institución educativa, hay muchos otros aspectos pedagógicos y vitales que hacen que esta película sea algo único y que no deja indiferente a nadie. 


Sinopsis


El protagonista de esta película es Henry Barthes, un profesor sustituto que elige no vincularse emocionalmente con sus alumnos ni con los centros donde trabaja. Pero detrás de esa coraza se esconde un hombre que carga con un trauma infantil relacionado con su madre, una profunda soledad 

y una capacidad de empatía que él mismo intenta esconder.


La película comienza cuando Henry llega a un instituto público de un barrio marginal. Los profesores están desbordados, los alumnos insultan y agreden sin consecuencias y a la directora del instituto la van a despedir. En su primera clase, uno de sus alumnos se enfada con Henry y tira su maletín contra la pared,  su respuesta nos permite conocer un poco mejor su filosofía: “No tengo ningún sentimiento que herir”. 


Fuera del instituto, Henry se encarga de su abuelo materno, que está internado en un hospital para lo que le queda de vida. Una de las noches en las que está volviendo del hospital , Henry se cruza con Erica: una adolescente que se dedica a la prositución. Al principio la rechaza, pero cuando la encuentra golpeada y sola en medio de la noche, decide acogerla en su casa. Por otro lado, en su clase del instituto, conoce a Meredith. Ella es una alumna con un gran  talento para la fotografía y el dibujo que sufre acoso y es despreciada por su familia. Meredith busca desesperadamente que alguien la vea, y creerá haber encontrado a ese alguien en Henry. Aún así, Henry mantendrá esa distancia que le caracteriza, pero impedirá que la insulten y mostrará interés por su arte. 


Cuando Meredith, sola e incomprendida, decide quitarse la vida, Henry se derrumba. Abandona el instituto y también deja a Erica, convencido de que no es bueno para nadie. La última escena lo muestra en un aula vacía, leyendo mientras la escuela se desmorona (esto no es una metáfora, ya que vemos la escuela en ruinas como si le hubiera pasado un huracán por encima). Esta es quizá una de las muchas preguntas que nos plantea Detachment, ¿cómo seguir enseñando cuando parece que todo se derrumba alrededor? ¿Como centrarnos en la enseñanza académica si las demás necesidades no están cubiertas? ¿Existe la indiferencia real, o solo es un mecanismo de autodefensa?






Principales debates pedagógicos que se plantean


Al terminar de ver Detachment ocurre algo curioso (o al menos es lo que me sucedió a mí). Te quedas con la sensación de no entender nada, pero a la vez sientes que entiendes muchas más cosas de las que comprendías antes de ver la película. No es una película ligera, y es imposible no sentirse impactado de una forma u otra después de verla. Puede parecer una película deprimente, aunque considero que también es increíblemente honesta. Y esa honestidad es quizá lo que hace que sea tan interesante desde el punto pedagógico. 


Detachment no exagera las bondades del sistema, pero tampoco se trata de una simple crítica. Aunque el panorama que pinta no es muy optimista, se trata de la realidad que viven algunos centros: aulas por encima de su límite de alumnos, profesores sin recursos y sobrepasados, alumnos que llegan con problemas que nadie en la escuela sabe cómo gestionar y que lo pagan con el mundo. No es un caso extremo. Es la escuela real de muchos barrios, de muchos institutos públicos donde la LOMLOE queda relegada a un segundo plano para poder atender a los problemas urgentes y que impiden el funcionamiento de la organización educativa. 


Uno de los puntos fuertes de la película es como muestra a los docentes. Se ofrece una representación casi palpable de cada uno de los profesores que aparecen, incluida la directora. Nos permite verles como personas, personas que están tan perdidas, estresadas, deprimidas y frustradas como sus propios alumnos. Y eso es algo que rara vez aparece en los documentos oficiales. En el temario de esta asignatura hemos visto que el equipo directivo tiene funciones claras: el director lidera, el jefe de estudios organiza y se encarga de la operación académica, el secretario administra y gestiona los recursos del centro. Pero en Detachment, tanto las funciones del equipo directivo como las de los profesores se difuminan. Como es el caso de la orientadora, que es incapaz de ver como ayudar a una alumna que no tiene aspiraciones en la vida y se rinde con ella.  Los profesores aguantan insultos y amenazas, (tanto de los alumnos como de los padres molestias) porque no saben hacer otra cosa. Y la ley no les da herramientas para eso. 


Otro de los temas fundamentales de la película es la salud mental, que veremos como afecta tanto a alumnos como a profesores. Siempre se está reivindicando su importancia, pero a pesar de ello nunca se le da la relevancia que merece. Si la salud mental no está cubierta, todo lo demás se vuelve irrelevante. Vivimos en una generación donde el suicidio, la ansiedad, la depresión y el trauma están más presentes de lo que a veces nos pensamos. Y los adolescentes lo viven, y los profesores también, pero nadie habla de ello en los claustros ni en los consejos escolares. O se habla mal, o con miedo, o en el mejor de los casos se deriva al orientador que llega una vez a la semana. Meredith, es el ejemplo más triste de esta realidad: nadie ve su sufrimiento a tiempo. Y cuando lo ven, ya es tarde. La película me ha hecho pensar si nosotros, como futuros pedagogos, estamos formados para ver eso. Porque no se trata solo de enseñar contenidos, sino de ayudar a enseñar respeto, sentido crítico y empatía. Y eso no está en ningún artículo de la LOMLOE. 


Otro aspecto que refleja la peli y que me parece fundamental es la idea de que, en el fondo, solo queremos ser vistos. Henry Barthes decide no vincularse porque ha aprendido que vincularse siempre termina mal, pero cuando ve a Erica, una adolescente en situación de calle, no puede evitar acogerla. La mira de verdad. Y Erica, por primera vez, se siente vista. Esa escena me hizo pensar en cuántos alumnos pasan por las aulas sin que nadie los vea realmente. La ley puede hablar de “atención a la diversidad”, pero si no hay una vemos realmente a nuestros alumnos, si no hay tiempo para detenerse y hacerles sentir vistos, todo eso se queda en palabras. Hay una frase muy impactante de la película: “Todos tenemos problemas, todos tenemos cosas con las que lidiamos. Algunos días estamos mejor que otros, algunos días no estamos tan bien. A veces tenemos un espacio limitado para los demás.” Esta frase me parece una verdad necesaria para quien estudia pedagogía. Porque podemos tener la mejor intención del mundo, pero también somos personas, con días malos, con límites. Reconocer que nuestro espacio para los demás es limitado no es una excusa para no implicarse, sino una realidad desde la que hay que partir. No podemos dar lo que no tenemos, y a veces lo más honesto es aceptar esa limitación.


Esta es otra frase de la película que me encantó y que tiene gran valor pedagógico: “Algunos de nosotros creemos que podemos marcar la diferencia, y entonces a veces nos despertamos y nos damos cuenta de que hemos fracasado.” Eso es exactamente lo que le ocurre a Henry con Meredith. Quiere ayudarla, cree que puede, pero mantiene las distancias por miedo, y ella termina suicidándose. El profesor no tiene que salvar a nadie, la película lo deja claro. El alumno y su familia tienen que poner una base, un deseo de aprender y de mejorar. Si esa base no existe, el sistema no es capaz de soportar por sí solo. Pero entonces, ¿qué hacemos como maestros?. La película no da respuestas fáciles, pero para mí la respuesta es que hay que seguir intentándolo. Aunque resulte difícil, debemos aprender a convivir con la posibilidad del fracaso sin que eso nos paralice. Porque marcar la diferencia no siempre es posible, pero intentarlo sigue valiendo la pena.


Relación con los contenidos de la asignatura 


Relacionar la película con la LOMLOE y la organización de un centro es una tarea complicada. Como ya vimos en clase, a veces hay una gran diferencia entre la realidad y la legislación oficial.


La LOMLOE habla de competencias clave, de aprender a aprender, de metodologías activas… y todo parece muy innovador y adecuado. Pero ¿de qué sirve todo eso si un alumno no puede ni con sus emociones? ¿O si los profesores están solo intentando mantener el orden? En Detachment no hay tiempo para diseñar situaciones de aprendizaje. Hay una escuela desbordada, sin recursos, con profesores muy desgastados. ¿Cuántos centros de verdad pueden aplicar de forma realista lo que dice la ley?


Con los órganos de gobierno sucede lo mismo. El organigrama parece estar claro: equipo directivo, consejo escolar, claustro, orientadores…Pero en la película casi no se ve nada de eso. El director está desbordado, nadie acude a las reuniones del claustro y la orientadora sola no puede con todo. 


Eso sí, la ley propone algo importante: la figura del coordinador de bienestar. En Detachment no hay nadie así, y nos permite ver la relevancia de esta figura que muchos de nosotros tampoco hemos llegado a conocer en nuestros centros.





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